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Saborear
07/07/2016
Delirios

Viajar

En los tiempos en los cuales un río era un mar.

Fotografía: Instalación de Chiharu Shiota


"He vivido apenas un poquito de lo que quería hacer en los tiempos en los cuales un río era un mar, no he navegado por el Amazonas ni he andado por el desierto con los Tuaregs, no he conocido Katmandú y tampoco he visitado ruinas de la cultura malaya. Es decir, mi mundo sigue siendo muy pequeño frente al mundo infinito de mis sueños de viajes". 

Norma Iglesias


Viajar es como tener alas. Significa alcanzar el más allá de mis horizontes. O conquistar recónditos lugares, misteriosos y secretos. Viajar es transitar rutas. Distintas y variadas rutas. A veces recorro desérticos paisajes de vegetaciones mezquinas, enanas, monocromas. Figuras de piedra que inmovilizan los sentidos. A veces la desolación da lugar a lo fantástico, como el incomparable momento que la cordillera de los Andes se aparece dibujada en un lugar de la ruta que va de San Rafael a Mendoza. A veces la imaginación se rinde y todos los lugares del arte se concentran en un hecho único superando a las musas como frente a ese cementerio semisumergido en la sal de una seca salina cerca de Santiago del Estero. A veces un anochecer te encuentra en la cubierta del Buquebús que une Colonia del Sacramento con Buenos Aires y ves la figura de alguien que no ha embarcado andar entre las sombras, y lo ves mirarte, y lo ves sonreirte. Para quedarte solo cuando pestañeás. Y sabés que vos también te has quedado en los rincones de Montevideo, esos que amás y te gustaría recorrer junto al espíritu de Benedetti.

Viajar es como permitirse entrar un rato en una pintura que nos subyuga para recorrer sus matices e invadir sus entrañas. Viajar es enredarse en las callejuelas de Siena y saberse estúpidamente perdido. Son las palomas de Piazza San Marcos asfixiándote, las putas de Montmartre, las escaleras de Chambort. Aquella esquina de Salta en la cual casi me atropella un omnibus y debiste determe del brazo. La noche en los restaurantes de mariscos en Bruselas, la carrera desesperada en Montpellier queriendo alcanzar el atardecer sobre el acueducto romano. Los tentadores aromas de comidas enredándonos entre las calles viejas de San Sebastián, la Cibeles, el cantehondo en Granada, las ramblas de Barcelona, un fin de semana en Paratí, la arena de Ipanema, la caricia a las paredes de la capilla Sixtina para convencernos que eran pinturas y no tapices, la mano momificada de aquel santo en la catedral de Valencia, el loco de la plaza del Tritone en Roma, las callecitas de Carmen de Patagones cerca de la casa de Marisa, el amado río plomo derretido visto de la ventana de nuestra casa alta y blanca. 

He vivido apenas un poquito de lo que quería hacer en los tiempos en los cuales un río era un mar, no he navegado por el Amazonas ni he andado por el desierto con los Tuaregs, no he conocido Katmandú y tampoco he visitado ruinas de la cultura malaya. Es decir, mi mundo sigue siendo muy pequeño frente al mundo infinito de mis sueños de viajes. 

Mi vida se limita a un par de rutas entre árboles que inequívocamente cumplen con el colorido rito de las estaciones. Y yo cumplo con un horario y trato de no sucumbir a las obligaciones. De a ratos me permito algunos despegues por el universo de los sueños. Pero suelo ser rehén de un presupuesto demasiado mezquino.

Hasta que un día decido viajar, para alejarme por un rato. Para después volver trayéndome improntas, delirios oníricos. Dudas sobre si acaso ha sido real. Si acaso este es un sueño, si acaso he estado despierta. Si acaso.


Fotografía: Instalación de Chiharu Shiota

 

 

Fotografía: Instalación de Chiharu Shiota
Fotografía: Instalación de Chiharu Shiota

Norma Iglesias

Doctorada en ciencias agropecuarias.

Desde muy chica se relacionó con la pintura y las letras. Durante los años 80 asistió al taller literario coordinado por Juana Porro, en Viedma. Los relatos, cuentos, novelas cortas que compartió solamente con un circulo cerrado de personas, ahora los deja volar.

Asistió al Taller de Pintura de la artista visual Alicia Valdéz, en Cipolletti, desde 2005 a 2011.

Participó en exposiciones regionales y en el Salón de Artes Visuales en Buenos Aires, organizado por INTA. 

Instalación: Chiharu Shiota

Chiharu Shiota es una artista japonesa de instalaciones nacida en 1972 en Osaka. Ella vive y trabaja en Berlín desde 1996. Construye instalaciones hechas de hilos que son una reminiscencia de las telarañas. Los objetos incrustados en ellas o apilados uno encima del otro crean un ambiente impregnado de una fuerte carga emocional y poética. 

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