Revista digital de Experiencias y Arte

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Rozar
14/10/2014
Sonoridades

Paseo para escuchar

A cada paso el sonido se hace más enigmático.

 

"Me gusta que el saber haga vivir, que cultive, me gusta convertirlo en carne y no en hogar, que ayude a beber y a comer, a caminar lentamente, a amar, a morir, a veces a renacer, me gusta dormir entre sus sábanas, que no sea exterior a mí". 

Michel Serres, Les Cinq Sens.

Itinerario acústico

El caos sonoro no está disciplinado y suspendo, a voluntad, la acción de los demás sentidos.

 

Las emanaciones sonoras dan carne a la densidad vegetal, a la densidad líquida, a la densidad del aire.

 

La casa también quiere escuchar. 

 

 

Miré, pero solo escuché.

 

El sonido de las aves -que no podía ver- rompía mi temporalidad anterior y creaba la entrada a un nuevo ambiente, lo delimitaba y unificaba un acontecimiento.

 

Diferentes texturas desde donde escucho los sonidos y, a su vez, emito sonidos. Siento que invado.

 

Umbral Sonoro.

 

 

La emisión de ciertos sonidos, y sus silencios, los entiendo como la transposición de un umbral. El anuncio del pasaje a otra dimensión.

 

Reconozco tres planos para escuchar en ellos y ampliar -y crecer- en otra trama sonora. 

 

Entro en la resonancia. 

 

En los primeros tiempos, la depresión natural hoy llamada "Cuenca Vidal", con sus faldas arenosas, salitrosas, cubierta en parte con pedregullo, originadas como depósitos fluviales, eólicos, marinos y volcánicos y con sus 41 metros bajo nivel del valle del río Negro, alternaba su aspecto entre laguna –por escurrimiento de aguas fluviales y pluviales- y salina. Luego, en 1915, como parte del sistema de riego de los valles fértiles y con la finalidad de regular el régimen de crecidas del río Neuquén, se transformó en un lago artificial al que, el Dr. Ramos Mexía, le dio el nombre de Lago Pellegrini.

Muchas historias y proyectos pasaron en estos 100 años. Un espejo de agua de 10mil has con una profundidad entre 9,5 y 21 mts y 69 km de costas, tuvo siempre capacidad suficiente para encender los sueños y la imaginación de los espíritus creativos, aunque a veces, las condiciones físicas, químicas, económicas y políticas para desarrollarlos fueron tan áridas como su suelo y su clima.

Hoy, una de las penínsulas del lago artificial denominada Pital-có, es muestra de un sueño abandonado. Después de atravesar zona de chacras, basurales sin control, canteras de áridos, alpatacos, jarillas, matacevos, cientos de arbustos bajos y espinosos, montículos de arcillas, propiedades privadas claramente anunciadas, el camino comienza a llenarse de flores de una planta carnosa y rastrera (uña de gato) que de pronto cubre todo. Exageradamente. Hasta los eucaliptos y tamariscos que alguna vez fueron plantados y decidieron seguir en pié, pierden protagonismo.

Sobre la alfombra de flores se instala el canto de las aves que hacen de los juncos y la vegetación ribereña, su hábitat. Como si en ella las voces estuvieran en un escenario. Gaviotas, cisnes de cuello negro, gansos, flamencos, patos macá, biguá, garzas, teros, gallaretas, emiten todo tipo de sonidos y, en ese lugar, solo se puede escuchar, los demás sentidos pasan a otro plano. El lago, tan hermoso... ¡parece tan distante! Si hasta las tres construcciones abandonadas lograron adaptarse a la escucha. La principal, por sus dimensiones, es toda ella una oreja.

Paseo para escuchar

Fotografía: Mirta Eberhardt

Comentarios

Bellísimas las fotos y

Bellísimas las fotos y hermoso e texto Gracias!

Gracias Pablo!!

Gracias Pablo!!

geniales las fotos!!!

geniales las fotos!!!

Gracias!

Gracias!

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