Revista digital de Experiencias y Arte

Seguinos en:  Twitter logo Facebook logo

Rozar
31/01/2019
Continuidades

Fronteras violadas

Necesidades y soluciones "mágicas".

 

Sin resolver su unidad nacional, o tan siquiera lingüística, Italia llegó tarde y mal al reparto colonial de la segunda mitad del milenio pasado. Así, Roma, otrora capital de un enorme imperio, debió conformarse con ver desde afuera el desarrollo de ultramar de tantos vecinos. Hacia finales del Siglo XIX, Gran Bretaña y Francia, principalmente, dominaban el panorama mundial, pero España, Holanda, Portugal y Bélgica tenían también lo suyo en América, África y Asia.

Italia, al igual que Alemania, recibió poco más que un premio consuelo en la repartija. Los germanos, luego de la Conferencia de Berlín de 1895, consiguieron quedarse con un un trío de posesiones en África (Togo, Camerún y Tanganica) y otro en Oceanía (Nueva Guinea, el archipiélago Bismarck y las Islas Marianas). Italia, por su parte, ligó la pequeña franja de Eritrea, la actual Libia e niente piu.

La modestia colonial de su país no fue obstáculo para que el italiano Emilio Salgari escribiese una docena de novelas de aventuras ambientadas en el sudeste asiático. Su protagonista, Sandokán, el Tigre de la Malasia, fue sumamente popular en Argentina hace unos 60 años. Lo mismo que Tarzán, Sandokán tenía su propio programa de radio. Los chicos de aquel entonces seguían, pegados al parlante, sus fantásticas historias debidamente ambientadas con efectos sonoros: tormentas, cañonazos, duelos de espada, gritos de abordaje y algún que otro beso, por qué no. La colección Robin Hood también hizo su aporte a la fama de Sandokán publicando once novelas en aquel inolvidable formato de tapas duras, color amarillo.

Emilio Salgari nació en Verona en 1862 y, aunque nunca llegó a graduarse en la escuela naval, utilizó para sí mismo un título de Capitán descaradamente inventado. No fue el único ni el más pequeño de sus bolazos. Sin haber salido nunca de Italia, el escritor aseguró en Mis Memoriasque su veintena de novelas eran el resultado de su conocimiento in situ de aquellos héroes que él mismo había parido. El italiano sostuvo la impostura hasta último momento, literalmente. Terminó de garabatear la línea final de esa autobiografía y se suicidó. Lo mismo había hecho antes su padre, más tarde lo imitaron dos de sus hijos.

Salgari escribió muchísimo, por cruel necesidad, o hambre. A pesar de su gran popularidad en Italia, sus aventuras por entrega le permitían sobrevivir apenas. Su más recordado personaje, Sandokán, era otro desposeído: un sultán Dayak despojado por los británicos, quienes también habían masacrado a su familia. Además de a los ingleses, el Tigre de la Malasia se la tenía jurada a todas las potencias coloniales europeas, a las que combatía como pirata. Sus fieles compañeros fueron Yáñez, Tremal-Naik y Kammammuri; su lugar en el mundo, la imaginaria isla de Mompracem, en el archipiélago malayo.

Malasia obtuvo su independencia del Reino Unido en 1957. Entre su territorio continental e insular suma una superficie de 330.000 km², tres veces y media más grande que Neuquén. Su población supera los 30 millones de habitantes, casi 50 veces más que nosotros. El índice de desarrollo humano, que toma en cuenta expectativa y calidad de vida, ubica a Malasia en el puesto 57 del ranking mundial, 10 posiciones por debajo de Argentina. Es una monarquía federal parlamentaria, y su capital se llama Kuala Lumpur.

Hace 30 años Kuala Lumpur tenía menos de un millón de habitantes, hoy son más de ocho y se estima que serán más de diez a inicios de la próxima década. El vertiginoso crecimiento urbano se ha hecho a costa del territorio selvático circundante. A medida que los barrios fueron devorando su hábitat natural, elefantes, tigres y demás animales se retiraron selva adentro… Salvo los monos de cola larga.

Kuala Lumpur vive una guerra de guerrillas contra los monos. A 15 minutos del centro de la ciudad nadie sale a trotar sin llevar un garrote. Los enfrentamientos con nuestros antepasados son más que ásperos. Los monos son audaces piratas y roban en banda en busca de alimentos. La población de la periferia ha desarrollado todo tipo de trampas, desde alimentos picantes para ahuyentarlos, hasta bocaditos con explosivos que detonan al masticarse. Por su parte, desde 2010, más de 640.000 monos han sido eliminados por las autoridades, sin mayores resultados. La guerra de los simios no da tregua en Malasia. 

Un informe publicado por The Guardian, sin embargo, asegura que los simios malayos son una atracción turística más importante que el famoso templo hinduista de Batu, con sus inmensas estatuas de oro. En cualquier caso, las organizaciones de defensa de los animales exigen a las autoridades que dejen de sacrificar a los monos y controlen su población con castraciones masivas. Según el Departamento de Vida Silvestre, se trata de una alternativa económicamente inviable. La opción “razonable” es enjaularlos y fusilarlos. Se trata de la misma solución que hubiesen encontrado los ingleses frente a Sandokán, otro desplazado por recién llegados. Por el momento, los monos no cuentan con ningún Salgari de su lado. Tampoco otras formas de vida —amenazadas— en los fértiles valles de los ríos Neuquén, Limay y Negro.

 

.
.
.
.

Jorge Gorostiza

Periodista. Creativo. Publicitario. Locutor. Actor. Fotógrafo. Editor de audio y video.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
Este sitio web puede incluir contenido de terceros y/o vínculos con sitios web externos (empresas y particulares, entre otros) que no pertenecen a QRV y de los cuales éste no se responsabiliza por la veracidad y exactitud del contenido publicado, o de las opiniones o comentarios vertidos por los usuarios, o cualquier consecuencia que pudiere derivarse del ingreso a los mismos y/o su utilización.

ISSN: 2545-6814Diseño: chouch - Programación: ConDrupal