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19/08/2014
Arte y paisaje

Esas marcas llenas de sentido

Una charla con el Director de la Escuela de Arte y Arquitectura de la Universidad del Salvador, arquitecto Pablo Tomás Beitía.

A Pablo Beitía la arquitectura no solo le dio la disciplina, también le mostró los caminos posibles y, de todos ellos, durante 15 años profundizó en aquél donde las vinculaciones entre las dimensiones artísticas y las dimensiones territoriales, estimulan lo que en él siempre fue una vocación: la posibilidad de interactuar allí donde los humanos van dejando, sobre la corteza terrestre, esas marcas llenas de sentido.

El arquitecto visitó nuestra región. Gentilmente aceptó la propuesta de realizar un encuentro para compartir ,luego, una síntesis de sus ideas y sensibilidades sobre la profesión, el territorio, la ciudad, el arte.

A continuación, parte de las reflexiones que el arq. Beitía expuso con gran lucidez.

 

La alienación tiene nombre

Comencé hace 15 años atrás a transitar un camino más orgánico, más sistemático, más permanente -con la Universidad del Salvador- realizando actividades vinculadas con los modos de poblar de personas que, sin saberlo, forman nuevos focos de desarrollo. Es que muchas veces la gente no sabe que está creando una ciudad. Nuestro país está lleno de ciudades que trabajan sobre la impronta española, que es la manzana, y que, sin saber bien por qué, hacen líneas rectas y ángulos rectos en el territorio, como una puntilla... y eso resulta apasionante: la obra del hombre sobre el suelo, sobre la corteza terrestre que va dejando marcas y, esas marcas, después, están llenas de sentido.

Si no escuchás ese sentido, te alienás… te vas. Hoy la alienación tiene un nombre que está de moda: el zombi. En el zombi encontraron el ícono del alienado y van todos detrás de eso... No es una conclusión... es una impresión. Tenemos un porcentaje muy alto de alienados… eso de estar todo el tiempo consumiendo. Esa especie de pseudo-cultura medio grotesca, medio payasesca que nos está llevando a una homogeneidad alienante. El tema del petróleo te puede llevar a eso… puede producir eso en la gente: ” ...no pertenezco a ningún lado, no sé qué hacer con el dinero, no sé para que estoy haciendo todo esto”. ¡Es tan brutal! y, además, a través de la electrónica, el problema se lleva al extremo de lo que el sistema nervioso puede tolerar. La vista está todo el tiempo llena de luz, llena de cosas que se mueven…

 

Argentina no está urbanizada

En nuestras preocupaciones como arquitectos -en la relación con la ciudad-arquitectura- todavía predomina lo vinculado con una unidad de dominio, con un cuerpo de dominio (FOT- FOS), con una parcela chica o grande y, cuando nosotros nos enfocamos en esa dimensión, desaparece la dimensión territorial. Entonces, la dimensión pública queda sujeta a las normas, a las especificaciones previas: “No lo hago más alto porque no me dejan...",  no porque le voy a sacar el sol a la vecina.

Ante esto se enciende una alarma y, esa alarma, es la siguiente: si vos trabajás en Toronto, en Tokio o en Londres, la densidad del problema entre la arquitectura y la ciudad absorbe todas tus fuerzas y quizá el vínculo con el paisaje y el territorio lo tengas que dejar postergado o pedir ayuda a quienes saben de eso. Eso vale para las sociedades urbanas, las sociedades que han controlado su territorio con los códigos que nos entregó la historia de la humanidad reciente y, especialmente, la del sigo 20, un siglo técnico: ¡Tremendo!

Ahora, un país como la Argentina, en realidad, no está urbanizado. Lo urbano es descontinuo, es aislado, es incompleto, es provisorio y en una cantidad de cuestiones las ciudades no responden y están dependiendo de otras cuestiones. Por ejemplo: la movilidad regional, la que conecta entre sí las ciudades y que está sometiendo al mundo rural a la lógica de la vinculación entre ciudades.


Nadie nos cubre la espalda

Las migraciones de las poblaciones, las figuraciones que tiene la población de su territorio -cómo las niega, como las cultiva, cómo las profundiza-, el paisaje, el ocio, el paseo, para nosotros (arquitectos), por nuestra formación, es accesorio y, además, confiamos en que hay otras disciplinas afines -o hermanas- que nos están cubriendo la espalda. Pero no… lamentablemente no…

Nuestra disciplina se autocelebra y se producen muchos estudiantes de arquitectura y pocos de ingeniería. La ingeniera está en crisis. Hay necesidades insatisfechas. En este momento, distintas ramas de la ingeniería no pueden cubrirse con técnicos propios. Es un problema muy serio. Arquitectos hay muchísimos... montones… montones… Ahora bien, perfecto… ya está… Pero, con esos presupuestos en los que todo se resume en la relación entre el programa de necesidades y usos, y la parcela, nunca existirá la posibilidad de insertarse en el sistema profesional ampliado. Todos el mundo llora:"¡qué los cliente me obligan!"…"¡qué no puedo expresarme…!" y bueno... Todos se sentaron en el mismo lugar de la tribuna y allí no cabe nadie más.

Hay que abrir la inteligencia y fijarnos en aquella parte de la arquitectura que nos olvidamos que existía… En el espacio público y en el diálogo con la naturaleza. Alvar Aalto dice: “nadie debería volver del trabajo a su casa sin pasar a través de un bosque”. Ya está... Es eso... Es que la ruralidad puede estar combinada con lo urbano y el paisaje urbano puede incluir componentes de “naturaleza” importantes.


Paren las rotativas

Sinceramente abría que poder decir aquello de “paren las rotativas… paren, paren… paren, con esto”,  pero eso no va a funcionar porque nuestra mentalidad incluye el oportunismo: “no…  no… si está el cliente esto no lo dejo pasar. ¿Qué querés que te diga? No puedo decir que no a esto, tengo que pagar al dibujante, al calculista" y... ya está, ya nos mordimos la cola… Yo no digo de convertirse a una religión extraña, simplemente digo que tenemos que preguntarnos cómo estamos en esto de la formación permanente… y, ya te digo, estamos horribles porque estas cosas ya son "pan de cada día" en otros lugares. Los brasileños (Curitiba), por ejemplo, nos enseñaron que se podía hablar de movilidad sustentable, ser creativos, que la gente esté contenta y, además, exportarlo. Los colombianos lo absorbieron, lo reciclaron y después van los argentinos a ver si lo pueden incorporar –en realidad, más que nada, como herramienta de campaña-. Entonces, te das cuenta de que mucha gente, desde hace mucho tiempo, está pensando en estas cosas… Bien… y nosotros ¿qué estamos haciendo? ¡no estamos pensando en estas cosas! y acá, en este punto, aparece esa dimensión que llamamos Arte y Paisaje.


ARTE Y PAISAJE


Más allá de la ingeniería victoriana

Sin esto nos estamos mordiendo la cola y puede ser que con esto, también sigamos mordiéndonos la cola pero, al menos, podemos ir preparándonos para trasvasar a la disciplina algunas cosas. Por ejemplo: entender mejor la interacción ente topografía e hidrografía… ¡qué es un tema que vos sabés…! Hoy, en otros países, hasta los estudiantes de las facultades están empezando a jugar con la idea de la interpretación termodinámica de los flujos hídricos, porque resulta que, la ingeniería victoriana -que todo lo hace por geometría pura y gravedad-, no toma en cuenta que cuando la pendiente es de menos del 1% ó 2 % -como pasa en la Pampa Húmeda- lo que le hace el sol al agua cuando circula despacio, es más  importante que lo puede interpretarse por flujos por gravedad. Entonces, tenemos que nuestra disciplina es muy buena para incorporar avances tecnológicos cuando los entiende, por ejemplo como sucedió con el Hormigón Armado: una técnica antiquísima incorporada por los arquitectos y no por los ingenieros.

Y eso es así y está muy bien… pero ¿cuánto hace que no lo hacemos?¿cómo estamos con este tema? Estamos medio… como duros… 


Sin eludir la dimensión del territorio

Hoy, las leyes de la termodinamia están despertando mucho interés en los jóvenes. Los jóvenes son mucho más sensibles al estado en que se encuentra la sociedad en las presiones y cuestiones del tema energía. La energía está planteando cuestiones de discusión pública, de discusión general y los artistas, los arquitectos, los poetas, también están empezando a interesarse más por esas cosas. Por ejemplo, Ólafur Eliasson, un danés, formado en Alemania -que trabaja en Alemania- es un artista venerado y lo que hace es experimentar, como escuela, con asuntos de la energía y de la ciencia, y sus obras pueden ser interpretadas como herramientas de investigación. También está el Land-Art, una disciplina que arranca en la década del 60 y es una prefiguración de las relaciones entre cultura, territorio y paisaje.

Estas cosas están muy trabajadas, pero no acá. Hace una semana terminó una exposición, en Buenos Aires, de Richard Longe, un artista inglés, del más alto nivel, que trabaja el arte de caminar. Hay una nueva curiosidad por el caminar. Sabíamos que caminábamos, que nos gusta y, desde hace más de 30 años, se hace arte con el caminar.

Para redondear, la idea es que, en arquitectura, mientras estamos obligados a dar una formación de base consistente y que tiene que estar muy bien, hoy no podemos olvidarnos, ni seguir eludiendo, la dimensión del territorio.

 

Barajar y dar de nuevo

¿Cuál es la diferencia entre el territorio, la ciudad y la arquitectura? La diferencia es que el territorio no tiene coordinados sus sistemas de servicios de un modo cerrado como lo tiene la ciudad. Entonces, el servicio que necesita el habitar -que es lo que hace la arquitectura- la ciudad te lo da de catálogo ¡y te lo cobra! y el territorio no, entonces… es como barajar y dar de nuevo. 


Es un desafío, no es una catástrofe

…Lo que pasa es que nosotros somos medio vagos. La arquitectura bioclimática -en los concursos- parece limitarse a “techos verdes” y a “jardines verticales”… y, ¿eso es arquitectura bioclimática? En fin, es como cómodo. Realmente estamos en un momento en el que tenemos que reaccionar y, para reaccionar, tenemos que entender que unas dimensiones son más importantes que otras.

 

La dimensión más importante

El tema que no podríamos jamás resignar es cómo vamos a hacer las nuevas ciudades de la Argentina, porque la Argentina no tiene suficiente cantidad de ciudades, porque esa relación que manejamos entre arquitectura y ciudad da por supuesto que la ciudad existe, pero las ciudades, acá, las que verdaderamente prestan a la Nación, el servicio de soportar el desarrollo, son pocas. Muchas ciudades no se pueden a sí mismas y son deudoras: deben todo al gobierno central y viven penando.  Muchas ciudades pierden a su población porque los jóvenes no tienen cómo insertarse laboralmente: ¡Eso no es una ciudad! Entonces, entre pseudo-ciudades, ciudades en crisis, proto-ciudades, embriones de ciudades, falsas ciudades -como son los countries-, las verdaderas ciudades son pocas, están mal interpretadas, mal gestionadas y... ¡no alcanzan para aguantar el desarrollo de un país terrible!

 

Residuo final

Si creíamos que nos iba a salvar ser muy ardillas en interpretar el código de planeamiento, trampear el FOT y el FOS para sacar un pisito más, no es más que pegarnos un tiro en la cabeza. Ese es el punto, todo esto es como el residuo final de una falsa cultura profesional que se apuró a tener todo controlado en tablas de excel. Si bien hizo una pequeña diferencia con eso -cambió un auto de tracción simple por uno 4x4, cambió el celular por uno de más tecnología-, también se creyó que tocó el cielo con las manos. Pero esto indica solo que somos unos estúpidos… Así, todos corremos riesgos: nos matan para sacarnos un celular…

Entonces, todas esas cosas que son las de las comunidades que conviven, de las comunidades que se reúnen para mejorar sus condiciones, de las comunidades que prefieren unas cosas -y no otras- porque son las que van marcando su desarrollo, de las comunidades que se inspiran, de las que crean, de las que hacen arte, de las que hacen cultura, de las que hacen educación,  se están degradando.

Redondeando: el problema es volver a conectar la arquitectura con el territorio y, si falta ciudad, imaginar la mejor, la más ideal, la más hermosa, la más posible, la más lírica, la más poética ciudad posible y no más de lo mismo.

 

La cosa vegetal está como loca

Los que hicieron esta región (valles de la norpatagonia) no eran ricos y ese componente de humildad que hay en esas sociedades, es distinto a lo que hay en la aparatosidad de la escena del espectáculo de la ciudad o del paisaje mismo. El tema preocupante es cuando la cosa está sobreactuada. En un country, por ejemplo, hay casas, casas, casas… no hay un taller mecánico, no hay una panadería, no hay una escuela, no hay una iglesia, no hay un teatro…solo casas, casas, casas e infinita variedad de plantas. Paisajistas acá, paisajistas allá. La cosa vegetal está como loca, nerviosa. En cambio, esa tranquilidad de lo verde que no está sobreactuado, te da un tono... que no es rock, es de una balada tocada con un laúd…

Entonces, ¿Qué pasa? ¿Cuál es nuestra sensibilidad?: La de la exacerbación de todo, La de la saturación de todo... ¡No, no puede ser…! ¡No se puede  pagar…!, ¡no se puede dar de comer a la gente!, ¡no se puede comprar la gasa en el hospital!, ¡no te podés tirar encima toda esa locura! y, si lo hicieras, también está mal, porque no sabrías ni po qué lo hacés, porque sería Las Vegas…

¿Qué pasa?

Tratemos de buscar la sutileza del paisaje, la sutileza del territorio, la sutileza de la ciudad y no la exacerbación –como dice Robert Venturi- de los sentidos saturados. Las Vegas, dice Venturi, es el programa de la saturación de los sentidos, para dar de baja a la sensibilidad, para que la gente deje de tener noción de lo que vale el dinero. Las Vegas te aturde, te vuelve loco, te hace perder la noción del día y de la noche y todo es de cartón piedra, para que no entiendas nada…

 


 

 


 

 


Esas marcas llenas de sentido

Arquitecto Pablo Beitía

Es arquitecto y escenógrafo. Se graduó en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Ha colaborado en estudios y empresas locales y como profesional independiente ha conformado diferentes asociaciones en arquitectura, diseño, paisaje y urbanismo; actualmente es titular del Estudio Beitía, con orientación en arquitectura, escenografía y diseño industrial. Ha integrado equipos docentes en diferentes universidades públicas y privadas. Ha desarrollado y dirige La Escuela de Arte y Arquitectura de la Universidad del Salvador en Buenos Aires. Es miembro del cuerpo docente de la Maestría en Gestión e Intervención en el Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Entre sus principales reconocimientos se cuentan: Premio Década; Diploma de Honor Fundación Konex; Premio del Museo Nacional de Bellas Artes a Veinte Obras Relevantes; el Premio de Arquitectura de la 1ª Bienal Iberoamericana de Arquitectura e Ingeniería Civil y el Premio Vitrubio.


Ilustraciones y plantas imaginarias

Lekan Jeyifous. Artista Nigeriano.

'Soy un artista y diseñador residente en Brooklyn nacido en Nigeria. En mayo de 2000 recibí una licenciatura en Arquitectura por la Universidad de Cornell, donde mi objeto de estudio fue principalmente investigar el potencial relevante para una variedad de programas informáticos dentro de los campos del arte, diseño y arquitectura. Después de graduarme disfruté trabajando durante 4 años como diseñador senior en dbox, hasta que mis pulsiones creativas me ocuparon a tiempo completo. Desde entonces he tenido la suerte de exponer mi obra en lugares de todo el mundo, así como crear imágenes hermosas para una variedad de clientes increíbles". 

Comentarios

Es una gran experiencia la

Es una gran experiencia la del arquitecto Pablo Beitía y el interés que muestra por el mejoramiento contínuo en pro del bienestar de la sociedad especialmente cuando piensa en la juventud; somos unos unos afortunados al poder conocer parte de su experiencia y tener una idea de su proyección fiturista. Gracias arquitecto por compartir su saber.

Buenísima nota !!!!!! Nos

Buenísima nota !!!!!!
Nos hace reflexionar sobre nuestro quehacer y sobre nosotros mismos

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