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05/07/2016
Objetos encontrados

El secreto oculto de las cosas

Adrián Ibarroule. Relaciones entre la materia y la imaginación.

“El hombre es la única criatura de la tierra que tiene la voluntad de mirar a otra en su interior”.

Hans Carossa 

 Los secretos de la madurez I 


"La imaginación no es un estado, es la propia existencia humana".

William Blake

Segundo libro profético



Adrián Ibarroule es arquitecto. Neuquino. Es uno de los tres directores fundadores del Estudio de Arquitectura IAG, un equipo de profesionales de la región que, desde principios de los 90, trabaja persuadido de la importancia que adquiere la arquitectura como hecho cultural y como celebración espacial y poética de las ciudades.

Como arquitecto, Adrián Ibarroule se desenvuelve dentro de una disciplina —y junto a un grupo humano— que incorpora la dimensión artística. Desde el sitio web de IAG, refieren, entre otros conceptos y búsquedas, a la poética como razón evocativa y filosófica que enriquece la vida y la ciudad; a la estética relacionada con la nobleza de los materiales, las proporciones y los sentidos; a la sensibilidad artesanal en el tratamiento del detalle; al deleite sensorial del espacio y sus relaciones como modo de definir y escenificar el habitar; a la creatividad; al ingenio.

La dimensión artística está presente en la actividad profesional de Ibarroule, sin embargo, lo artístico es una más entre las tantas dimensiones con las que operar en el ejercicio de la arquitectura. Si bien las fronteras entre ser arquitecto y ser artista son borrosas, se puede decir que exactitud que Adrián Ibarroule posee un espíritu curioso, sensible, creativo y todos sabemos que estos espíritus necesitan volar. Explorar sin límites la materia. Resquebrajar la norma. Sentir la experiencia misma de la apertura, de la novedad. Transportarse dentro de los objetos con la imaginación y manipularlos, físicamente, hasta que cada uno de ellos pierdan las huellas de sus primeros significados, como si al buscar en los intersticios de las maderas, en las fracturas de los metales, en las oquedades de las pieles oxidadas, pudieran encontrar "el secreto oculto de las cosas". Crear otros seres para otros mundos (imaginarios) con todo aquello que encuentran tirado en el camino, ¿Cómo un modo de mejorar el mundo (real) que conocemos?.

Adrián Ibarroule cuenta que, en una oportunidad, le pidió a su carpintero que le consiga un banco de trabajo usado. Éste le informó sobre uno que era "enorme" y que pertenecía a un carpintero de 85 años, en retirada,  que lo había fabricado cuando contaba con 25 años de edad. Es más, Ibarroule agrega que el viejo carpintero no solo le vendió el banco, también le regaló un pequeño serrucho. Y, esta anécdota, puede dar señales de cual fue el punto cero (+ ó -) de poner las manos a trabajar en la creación de objetos antropomorfos. Una pasión que fue tomando forma silenciosamente.

Desde entonces —6 años aproximadamente—, Ibarroule trabaja en ese viejo banco de carpintero. Continúa con el impulso de la libre imaginación, ese impulso que fue inaugurado por los dadaístas y surrealistas y que sigue tan vigente hoy como el primer día porque explica, más que otra fuerza, el psiquismo humano.

Ibarroule continúa y avanza en su propia dirección. Insiste en sus aventuras con el objeto levantado de la calle, de las bardas, de las obras en construcción. Resignificando su propio imaginario y el de aquellos que se comprometen, en principio, desde la mirada, para dar vida —e incorporar a su vida— a estos seres, a estos microuniversos. 

 

 

— ¿Cómo es el proceso que convierte —y transforma— un material en desuso, en un objeto antropomorfo?

—No hace tanto que le dedico algo de tiempo a esta actividad, pero... casi sin darme cuenta,  el proceso comenzó con mucha antelación. Reconozco que fui —y soy—  un “recolector serial de objetos que no muchos valoran". He escuchado comentarios de este estilo: ¿para qué juntás esa porquería? Te confieso que a veces me miran medio raro cuando husmeo en algun contenedor o acarreo algo que encontré en la calle...

Generalmente, los objetos recolectados me gustan por su forma, por su color, por su textura o por su valor histórico: Me gustan las cosas que sirvieron y que ya “ no sirven más”.

Hay algunos objetos que me acompañan desde hace más de 30 años, por ejemplo, un megáfono de chapa que usaban en una fábrica para llamar a los obreros a almorzar. Obviamente, la fábrica no existe más y, si existiera, seguramente los llamarían de otra forma. Después de muchos años de estar colgado por ahí, ese megáfono paso a ser una especie de vestido futurista de una de mis obras.

Otra experiencia de encuentros fue durante una caminata en la barda. Allí había un gran pozo, casi escondido, lleno de cilindros de diversos diámetros: latas; aerosoles; filtros metálicos; todos objetos oxidados. Claramente, alguien los había prendido fuego. Surgieron mil dudas sobre su origen y por qué estaban ahí. La tarde terminó y yo seguía juntando cada una de esas piezas preciosas, oxidadas y erosionadas  por el paso del tiempo. 

El proceso de transformación es muy lento desde que empieza hasta que pasa a convertirse en un objeto antropomorfo. Esa es la parte más divertida, la que tiene que ver con crear algo que me guste solo a mí y, si luego le resulta atractivo a otros, por supuesto que me gratifica.

La gran diferencia que existe entre mi profesión y el intento de hacer obras de arte, es la no existencia de “El Cliente” (con todas sus implicancias). En esta tarea de hacer, prescindir del mismo resulta una actividad más relajada. Es tan simple como no tener que cumplir con plazos, ni costos, y lo hago cuando quiero. 

Disfruto durante el proceso cuando se mezclan olores: al cortar o serruchar alguna madera, al quemarla  para oscurecerla, al perforar para unirlas, etc.

 

—Los objetos que encontrás: una tabla, un tornillo, una caja, ¿cuándo tienen más probabilidades de ser antropomorfizados? 

—Te hablaba sobre “la lentitud”, una vez leí algo así como que, cuando salís de terapia caminando y queres asimilar lo que trabajaste, caminás despacio; de lo contrario, acelerás la marcha. 

Kundera decía: "Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él. En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: `el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido´".

La verdad es que no tengo apuro. En general, se comienza naturalmente, como si le fuese llegando el tiempo a cada pieza para que vayan encajando entre sí. Como si estuvieran solas, esperando formar parte de un grupo (... y se ponen contentas cuando encajan y las comienzo a unir). A veces, quedan inconclusas días o meses, porque se les colaron otras piezas, pero no se quejan, porque saben que, finalmente, formarán parte de algo.

Me resulta más fácil empezarlas que terminarlas. 

Cuando encuentro las partes no tengo la menor idea en que van a a terminar, pero a la larga encajan y se unen. 

 

—Estos seres, ¿qué desechan del mundo real —de origen— para llevar al mundo que crean?

—Desechan, básicamente, la singularidad para ser parte de un grupo; a veces, toman más importancia por pertenecer a una serie. Un palo de escoba tirado pasa a ser una pata de un bicho, una lata oxidada e incendiada en la barda se transforma en un ojo (que no mira pero se deja observar), una tabla de lavar de madera muy gastada y redondeada por su uso, en abdominales de algun tótem...

 

—¿Cómo es el mundo que crean?, ¿qué  incluye?

—Un mundo lúdico, colorido... Excluye la  violencia, la rapidez, lo efímero.

 

—Tus objetos antropomorfos, ¿a qué arquitectura íntima nos acercan?

—A la más simple, a la “ posible”, a la que no pasa de moda. Creo que las formas simples y puras de los objetos me atrapan. Uso muchos materiales naturales con su color y textura propia: Cajones, cubos de madera gastados, cilindros, hierros oxidados y erosionados por el viento. 

    

—Cada nuevo ser, como imagen —despedazada— del humano,  ¿cuándo cobra vida?

—Cuando algo me dice que está terminado, que le puede robar una sonrisa —o un comentario— a  alguien y que hay que comenzar con otro. 

Algunos objetos son solo para mirarlos, otros  tienen uso: recibidor portallaves, bufandas, cajones  guardatutti. También, ¡ya he logrado que se tambaleen o que tengan mínimos movimientos pendulares!

Me gustaría que caminen... Pero sin motores, que los ayude a moverse nuestro viento, que se transformen con el sol o con el agua. También me gustaría pasar de escala, hacer algo para la ciudad... ¿Próximos desafios?¡Por qué no! 


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El secreto oculto de las cosas

Adrián Ibarroule

Arquitecto. Artista visual.

"Me divierto haciendo esculturas y juguetes con objetos que encuentro y me gustan por forma, color, textura o material. También haciendo fotos, dibujos y pinturas".

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