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10/05/2012

Contratopológicas

La microficción Conclusiones, de Eduardo Gotthelf, abre trayectorias y devenires que impugnan el viejo arte de la cartografía.

“Conclusiones”, por Eduardo Gotthelf

No encontró comida al llegar a España. Tampoco en París, la del nombre subrayado, ni en Berlín, que había perdido algo de su color original. En los Balcanes debió rodear una zona quemada, como si le hubiera caído una brasa. Ni allí, ni en Egipto, pudo saciar su hambre. Cruzó caminando el Mar Rojo, pero no había leche ni miel en la Tierra Prometida.

-El mapa no es el territorio – reflexionó la hormiga.

El mapa no es el territorio

Deleuze y Guattari fueron unos provocadores cuando, profanando la “bella interioridad orgánica, significante y subjetiva” del libro, llevaron a la escritura al terreno de la de los mapas y los territorios, de los trayectos y los devenires. Esta concepción cartográfica venía a romper con la concepción topológica-genealógica del libro: no se trataba ya de entender su significado, si no de  preguntarse con qué conecta el libro, con qué exterior funciona.  Porque el libro, decían, no es un árbol-raíz, es pieza de un rizoma; no pretende significar, sino “medir, cartografiar, incluso las comarcas venideras”.

Para Deleuze y Guatari. “el libro no es imagen del mundo”, hace rizoma-mapa con el mundo, aumentando el territorio por desterritorialización, por la extensión de las líneas de fuga. Hacer mapa es acción, no representación.

Cuando Korzybski, padre de la semántica general, sostuvo que “el mapa no es el territorio”, pensaba en otra cosa. Los mapas-lenguaje del polaco daban por supuesto un territorio de objetos- cosas con los que mantenía, al menos,  un vínculo estructural - aun cuando fuera imposible cualquier coincidencia entre los procesos verbales y los datos empíricos. Para los  franceses, “la cartografía, antes que representar un mundo que esté ya dado, supone la identificación de nuevos componentes, la creación de nuevas relaciones y territorios, de nuevas máquinas.” El mapa es abierto, capaz de ser conectado en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones y adaptarse a distintos montajes; pasible de ser dibujado en una pared, concebido como una obra de arte, construido como una acción política o como una meditación.

Imagino que habrían encontrado interesante el título del último premio Goncourt, El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq: hay que reconocer que la “y” tiene resonancias rizomáticas… aunque no logré hacer mapa con él. El libro de Houellebecq me resultó un fiasco. 

Qué tema ese de los cartógrafos obsesivos del Imperio. La desmesura y la arrogancia los llevó a la ruina, como a los héroes trágicos griegos. A aquellos ya nadie los recuerda, ni a sus mapas roídos por el tiempo. ¡Quién necesita de un arte que produce calcos y no mapas!

El que terminó de sepultar el viejo arte de la cartografía fue el filósofo francés Jean Baudrillard: “Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio  —PRECESIÓN DE LOS SIMULACROS— y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula (de Borges), hoy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real.”

Vuelvo a Deleuze y le canto con él a Dioniso, “dios de los lugares de paso y de las cosas de olvido”; celebro los mapas del arte, mapas de virtualidades que se superponen al mapa real cuyos recorridos transforma. Arte- cartografía: trayectos y devenires otros.  (La hormiga del relato de Gotthelf  ha dejado en el mapa sus pequeñas huellas. Hay un itinerario en el recorrido de sus patitas… pero decido abandonar por un rato los retos de la cartografía. Cierro “Cuentos Pendientes”, “Rizoma”, "Crítica y Clínica”, y desconecto internet).

 

 

Contratopológicas

Eduardo Gotthelf

(Buenos Aires, Argentina, 1945), vive en la Patagonia desde 1974. Cursó estudios universitarios en Santa Fe y Mendoza, Argentina. Como Ingeniero de Petróleos se desempeñó en distintos puntos del país, actualmente realiza trabajos de consultoría.

e-mail: gotthelf.e@gmail.com

Publicaciones: El sueño robado y otros sueños, (cuentos cortos), Ediciones Culturales de Mendoza,1995. Cuentos Pendientes, (minificción) Editorial Ruedamares, 2007. Principio de Incertidumbres (libro-objeto de minificción), Edición de Autor, 2009. Paraísos Paralelos, (minificción), inédito a la fecha.

Comentarios

¡Muy bueno! Disquisiciones

¡Muy bueno! Disquisiciones filosóficas que no nos abandonarán nunca -ni nosotros a ellas-: se me ocurren títulos posibles como para guiar un descubrimiento (me refiero a la tarea artística; al menos, propiciarlo)"mapa versus territorio"; "¿mapa o territorio?" Fertilísimas metáforas. Me quedan las palabras resonando en la mente.
Maigo

"El mapa de nuestros sueños

"El mapa de nuestros sueños recorre el territorio de nuestras desdichas"
(Hormiga de Gotthelf dixit)

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