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Caminar
17/07/2018
Pistas

Rastreando al culpable

¿Cómo evaluar los problemas sociales y no caer en el error del chivo expiatorio?
Por: Juan Fernando Piñeres*

Las series de TV no me permiten leer/ Cada nube gris es la culpable de mi mal genio/ Si el vecino no existiera mi vida sería perfecta/ Cuando lo no-creyentes creen el mundo será un mejor lugar/

Sin importar el tamaño, sea macro o micro, en un tiempo determinado todo grupo social busca un único culpable de sus desordenes /confusiones/problemas, etc., o en otras palabras al símbolo del mal en el núcleo de su estructura. Roberto Bolaño, en su novela 2666, esboza la figura de Klaus Haas como único responsable de los femicidios en Santa Teresa, México, ciudad que históricamente ha padecido este problema social. Ya por fuera de la ficción, cabe recordar el caso del nazismo, y la violencia irracional ejercida contra los judíos europeos, culpables por supuesto de todos los males del linaje ario.

Esta búsqueda también se refleja en grupos menores (una familia, una oficina, un equipo de futbol, etc.). Un hijo que no va bien en matemáticas, el delantero errático de un equipo de futbol, un inquilino molesto, pueden llegar a ser considerados el problema a solucionar/erradicar para lograr la soñada utopía, o el estado de bienestar perfecto desde siempre anhelado. Lo fundamental, citando a Bruno Latour, es que dentro de una red compuesta por agentes humanos y no-humanos, lo conocido como realidad es lo visible, patrón que disocia la enorme cantidad de puntos (comprendidos como acciones, razones, etc.) que conectan un enorme espectro caótico donde la entidad no-humana más pequeña puede mediar y desencadenar un problema de grandes dimensiones.

Ya en otro nivel, Thomas Szasz establece, a partir de una marcada ruptura cerebro/mente, que las enfermedades mentales no existen. Existen sí, las que se dan en el cerebro debido a algún daño o malformación en su interior. El mito de la enfermedad mental por tanto se encuentra en relación con un sistema de creencias, en particular con la brujería. En muchos casos para no asumir los problemas de la vida cotidiana, el hombre desde épocas pasadas (particularmente la edad media) ha relegado la responsabilidad de sus actos a figuras simbólicas (demonios, brujas), responsabilidad que en la modernidad es atribuida a las enfermedades mentales. Szasz sin expresarlo directamente da a entender que las mismas actúan como chivos expiatorios, problemas que no nos dejan llegar al estado de paz mental buscado.

Lo mencionado se relaciona con el hecho de que, en un proceso de disociación, cada persona lucha ante una serie de estímulos externos para mantener su propia identidad, proceso que puede conducir a la psicosis si el hombre comprende su propia personalidad como un ente monolítico y no como una red plural que conecta diversos centros de deseo y cognición. De acuerdo a este entendimiento de la Neurosis aportado por Friedrich Schelling, el apego a una personalidad única genera que la tensión con el otro sea tan fuerte que al final termine conduciendo a un tipo de disociación reflejada en fenómenos como el egoísmo, la indiferencia y la crueldad. El otro correspondería a todo aquello que problematiza al ser, a todo lo que opera afuera, lo que va en contra de la propia identidad y de la definición propia de identidad a la que se está profundamente arraigado.

En una cultura occidental, determinada por ideas mitológicas de la quintaesencia e inmanencia o trascendencia del ser, se tiende a generar la necesidad de definir un único tipo de personalidad. Un único tipo de persona pública que debe mostrarse a lo largo de toda una historia igualmente comprendida de manera lineal. Es normal por tanto que en cualquier interacción cotidiana grupal cada quien tenga una concepción particular del culpable de sus males.

Sin embargo, los contenidos mediáticos llevan implícitos los estatutos ideológicos de importancia para las grandes industrias y al mercado dominante. Los mismos que de alguna manera interseccionan los intereses de las diferentes estructuras sociales. Por decirlo de alguna manera: una gran parte de la población demoniza al terrorismo, tiene la idea de que Pamela Anderson es el prototipo de mujer bella, y no tiene una buena concepción de los movimientos culturales Avant-garde, antes de ser reterritorializados por el mercado.

Lo anterior, por supuesto se refleja a través de diversas dinámicas sociales soportadas por mediaciones que originan la noticia del momento. Y siempre está destinada a aparecer. Sin importar que el mundo haya alcanzado lapsos prolongados de paz porque, como dice Kasparov, “el colapso es inevitable”. Existe también la tendencia de que a través del tiempo haya momentos de mediación e intermediación. Momentos activos y pasivos. Es decir, a veces nada pasa y otras veces cualquier persona comienza a mover o dinamizar la estructura, generando así un fenómeno que adquiere notoria visibilidad. El inconveniente es que siempre hay una única causa del mismo. Bruno Latour sostiene que hay que entender los hechos en términos de redes y no por sus causas visibles, o a partir de una perspectiva o mirada lineal y sincrónica de la realidad que permite solo el entendimiento del mundo desde las “verdades innegables”, desestimando así su movimiento o carácter diacrónico. En vez de irnos por el camino piedroso, nos vamos por la autopista.

En este sentido, sin importar que tanta sea la duración del mismo siempre está presente la imagen de esa entidad malvada que no nos permite salir de casa, que nos produce insomnio y hace de nuestra vida un infierno. Por ejemplo, para una gran parte del pueblo catalán, el gobierno español es el mayor freno al progreso, a una mejor económica y al logro de una mayor calidad de vida. Pero ese por supuesto no es el único problema por que Cataluña es una región donde imperan: la segregación racial, la homofobia, la discriminación ante las personas de color (muchas de ellas llevan viviendo mucho tiempo en Barcelona y aun no tienen la visa de residencia), el irrespeto a la mujer, entre otros. Algo, de alguna manera similar ocurre con el gobierno Colombiano y su lucha contra las guerrillas. En Colombia, país tradicionalmente operado por los de cuello blanco o White Collar, aun no pueden entrar las personas de color a discotecas de elite, existe una marcada cultura de clubes y las mujeres todavía deben pedir permiso para pasar la tarde en compañía de sus amigas.

El problema es que existe una tendencia a pensar de que si Cataluña se separa de España y si Colombia elimina el problema histórico de las guerrillas, se acabaran todos los problemas, cuando lo más lógico es que haya otro mal que aparezca y se convierta en el próximo Chivo expiatorio. Situación que de igual manera pasa en estructuras más pequeñas. Por ejemplo, si el hijo menor de una familia común empieza a usar drogas, la responsabilidad de toda la familia recae sobre él, desmeritando que hayan otras causas/efectos que operan en dicha red. Quizá una regular situación económica conduce al padre de la misma a estados de ansiedad y paranoia, dejando la mayor parte de responsabilidad a una madre que así mismo no puede sobrellevar el peso, situación que incrementa sus estados neuróticos. Movimiento este que desciende hasta el hijo, culpable absoluto de la situación.

Lo importante, es no desatender el hecho de que en occidente siempre se está rastreando a un trasgresor, y que dependiendo de la situación, tiende a ser el que no opera bajo los intereses del Status Quo. En la serie de comedia: Curb Your Enthusiasm, como Larry David tiene una particular forma de pensar (no calcula las consecuencias de sus actos, es torpe, y tiende a ser extremadamente generoso, sin ser arrodillado), es visto como un hombre malo, el causante de todos los contratiempos que se desarrollan a lo largo de la serie. Particularmente, David es judío, y en el programa demuestra con honestidad las diferencias (culturales, sociales, políticas, teológicas, etc.) que tiene con otros habitantes de Los Ángeles, California, diferencias que lo ubican como el ente extraño, la disonancia en la estructura.

A este punto, cabe concluir señalando que dentro de las estructuras sociales, no existe problema que tenga mayor valor que otro. Tanto el racismo como la desigualdad económica son igualmente importantes. Se trata entonces de desarrollar una mirada crítica que nos permita escapar de todo propagandismo (fundamentado en valores teológicos, y diferenciación entre lo bueno y lo malo) que promete utopías, siempre y cuando se elimine el problema de mayor valor dentro de una pirámide, puesto como se ha señalado la realidad indica que, cuando se elimine al chivo expiatorio, otro vendrá y ocupará su lugar en lo más próximo a una cadena infinita de males a resolver. Una buena forma de no caer en este error seria tomar conciencia de que todas las problemáticas sociales tienen el mismo peso, y así, desde una ontología plana, poder intervenir en ellos equitativamente.

 

* Comunicador Social - Periodista con master en Estudios Comparativos Literaturas en Literatura, Arte y Pensamiento de la Universitat Pompeu Fabra, universidad de la cual se graduó con una tesis sobre la relación entre el concepto de hibrido de Bruno Latour y la Ciencia Ficción Contemporánea. Nacido en Barranquilla, Colombia, Juan Fernando, dedica su tiempo al análisis de la cultura contemporánea a partir de la teoría crítica y la filosofía continental. Algunos de sus escritos pueden encontrarse en su blog personal: NO.retorno.

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