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Caminar
12/10/2017
Seriales

Oda al ejército rojo: The Handmaid’s Tale

¿Podría ser el género un objeto de poder y resistencias? (Contiene spoilers)
Por: Lucila da Silva*

“La falta más grave [en la escuela] es la ropa. Lo sexual. Provocar. Que la ropa sea todo sexual. Que usen el top hasta acá [haciendo un gesto decapitante]”.

Juan, estudiante.

 

It's their own fault.

They should have never given us uniforms if they didn't want us to be an army.

 June. The Handmaid’s Tale. Capítulo 10.

 

Las fuerzas que resisten se apoyaron sobre lo mismo que ese poder investía.

Foucault. La voluntad de saber

 

 

Después de 6 temporadas de Mad Men no me sonroja afirmar que estoy resuelta a seguir a Elizabeth Moss con toda la impunidad que internet me permita. Desembarco así desde la insípida Top of the lake hacia The Handmaid’s Tale, insuflada por críticas que leí pero no recuerdo (acaso por un ya casi adquirido miedo a los spoilers) y un posteo de Mona Chollet en Facebook.

The Handmaid’s Tale me pinta una estimulante distopía llena de planos cortísimos en los que Moss no me decepciona, le creo. También le creo y me entretiene su voz en off, que marca el compás de lo que realmente me conmovió desde el primer capítulo, y no es nada específico acerca del contenido, sino esa sensación de querer pensar en mil cosas en simultáneo. Esa suerte de onanismo intelectual en perfecto tempo.

El argumento es más o menos que tras una “plaga de infertilidad”, se impone un régimen político en el que las mujeres en general son totalmente privadas de autonomía, y las pocas mujeres con capacidad de concebir son capturadas e instruidas para una servidumbre reproductiva en beneficio de los matrimonios acomodados. De yapa, todo está relativamente legitimado por algunos pasajes del Antiguo Testamento.  

Si para un espectador distraído, la relación de poder básica en la serie es de clase (por esto de ser criadas de los matrimonios poderosos), a medida que pasan los capítulos, parece quedar clarísimo que El conflicto es de género:

  1. Capítulo 2: las cuentas bancarias de todas las mujeres son congeladas y transferidas a sus maridos o parientes varones más cercanos. Ante eso, Luke (el compañero de June) sólo atina a decir “Yo voy a cuidar de ti”, y Moira nos encarna al gritarle que ella no necesita que él la cuide. Aunque me quedo pensando si era necesario decir tanto, Moira le pide al tipo que la acompañe a tomar el tren, y le agrega algunos pliegues a la escena (No creo que allí diga “igual nos necesitan”, creo que dice “podemos vivir junts”. ¿Estaré siendo benévola?).
  2. Capítulo 4: Durante el desayuno, la robótica Serena sugiere a su marido una estrategia política y él le responde “No te preocupes querida, ya hay buenos hombres ocupándose de eso”.  De hecho, (Capítulo 6) Serena no está en el tiempo presente de la serie autorizada a leer el libro que ella misma escribió y que se titula (Oh!) A woman’s Place. ¿Será que en su manifiesta crueldad se trasluce no sólo un gesto de clase, sino un profundo dolor? ¿Dolor por no poder reproducirse? No lo creo. La caja de cigarrillos se me hace un guiño, un punctum de su malestar.
  3. Tampoco creo que sea fortuita la presencia de algunos hitos de Orange is the new black (Moira, la dulce y loquísima Janine) ni el arriesgado acierto de poner a la angelical Rory (Gilmore Girls) en el gran papel de Emily.  Definitivamente, “La ofensa al propio género” está en el top five de los crímenes en la tierra de la Tía Lidya[i]. Quieren una hinchada de queers.

En la mitad de la primera temporada la hermosa desolación inicial se va fisurando, y comienzan a aparecer puntitos de resistencia, siempre dispersos. No sólo en ese rincón al lado del zócalo del closet, también en la epopeya de Luke, y en June que comienza a sostenerse-en-resistencia.

Hay una idea que no me abandona desde el inicio: creo haber leído en algún lado que en el sistema de Foucault lo que en algún momento constituye un tópico de resistencia, puede volverse objeto de los diagramas de poder. Pienso si, en todo caso, podría la lucha de género (que para mí hoy tiene la capacidad de articular la mayoría de las resistencias a nivel mundial) volverse a mediano plazo objeto del poder. Sospecho de mi pensamiento, me parece poco riguroso, pero me obstino. Paso 403 páginas, miles de rayas en lápiz y unos 15 post its :

Digo que son contrapoderes. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que cada vez que el poder determina un objeto que le es propio, que determina el objeto sobre el cual se apoya – y hemos visto que cada vez que hay diagrama, hay determinación del objeto sobre el cual se apoya el poder- , ese objeto puede ser relacionado igualmente con una capacidad de resistencia que lo vuelve contra el poder (Deleuze, Curso sobre Foucault II, el Poder). 

Me desilusiono un poco, ¿era al revés? Lo vuelvo a leer. “La resistencia es primera respecto al poder”, me repito. Vuelvo a leer la cita. Me quedo pensando.

Desde el principio dudo si es posible posicionar al género como objeto de poder y punto de resistencia. Y en todo caso, ¿por qué una estrategia para doblegar la lucha de género puede ser controlar los medios de reproducción de la vida? Se me viene a la mente Segato, Rita Segato[ii] y sus –al menos dudosas- afirmaciones respecto a una originaria división de género. ¿Podría ser el género un objeto de poder y resistencias?

Doy un paso más (afortunadamente sin ningún fundamento). Me pregunto si lo que se cristaliza en The Handmaid’s Tale no es que el género sea el campo de la disputa, sino el cuerpo.  Recuerdo la tautológica pero genial consigna “Mi cuerpo es mío”. ¿De qué manera, en un contexto de creciente autonomía sobre ls cuerps potencialmente gestantes, definitivamente activada por las luchas de género, el poder estaría en condiciones de re-administrar efectivamente la vida, recuperar por todos los medios la gestión de los mecanismos reproductivos?  ¿Será que la transgresión es sabernos dueñas de nuestros cuerpos? ¿Le estaremos disputando eso al patriarcado? ¿Y también al Estado, y al resto de los poderes? ¿Será eso lo que le resulta tan grave a Juan, el estudiante?

Retomo las reflexiones sobre la serie y me entrampo. La primera escena del primer capítulo. Revivo la conmoción y a las ganas de correr a abrazar a mi hijo. Me pregunto qué puede movilizar ese estereotipo; evoco el día que pensé cuánto delirio debe haber en ese vínculo tan vital que asumimos, en el que una persona no sobrevive sin otra. Me parecía que era muy fácil conformarse o enloquecer. Hoy pienso en la tuerta Janine y en todas las veces que pude elegir no tener un hijo. ¿Estaremos en las puertas de un nuevo modelo de gestación y crianza, ya no dominado por el régimen heterosexual?

En el último capítulo, tres cosas me generan una sonrisita interior, esa suerte de esperanza cinematográfica: La primera es el ejército rojo con Nina Simone de fondo (ya lo habíamos visto en los primeros capítulos en unos planos espectaculares de las filas con vista aérea). La segunda es más pensable. A mi entender, se consolida la figura de la resistencia como vínculo con el otro, y como herencia. Me digo a mi misma cuán indecibles somos, que sólo necesitamos para resistir la convicción de que hay otro. Aunque sea uno solo. Aunque sea virtualmente y en silencio. La tercera es June bajando la escalera hacia la nada, con media sonrisa en los ojos, embarazada de nadie… en el limbo de la existencia… ”No tengo opción. Es inevitable. Subo y penetro en la oscuridad del interior… o en la luz”.

 

* Politóloga, docente e investigadora universitaria.
 

[i] Sin embargo, a pesar de ser tan potente y de oler taaan a torta friendly, no puedo negar que me incomoda un poco el lugar mesiánico que parecen tener so far los dos chongos heterosexuales de labios carnosos (Luke y Nik).

 

[ii] Segato afirma muchas cosas que me hacen pensar. Algunas por provocadoras. Otras porque teóricamente son un poco sospechosas (¿o me parecen sospechosas a mí, que insisto en que haya “lógica”? Lo escribo y percibo mi ridiculez). Sucede que The Handmaid’s Tale me da miedo, no hay zombies gays que me hacen flashear, definitivamente propone algo que me pasa por el cuerpo.  Y algunas cosas que dice Segato me pasan por el cuerpo.

 

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