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Caminar
25/10/2016
Seriales

Llamada entrante

Cuando mamá insiste: en torno a "Playtest", segundo episodio de la tercera temporada de Black Mirror. (Contiene spoilers)
Por: Andrea Villar

Destruye la memoria y la capacidad de lenguaje y pensamiento; desorienta espacial y temporalmente; altera el carácter y produce pérdida de la identidad. La realidad virtual inmersiva puede padecerse como el alzhéimer: al menos así lo propone “Playtest”, el segundo episodio de la tercera temporada de Black Mirror.

El protagonista es Cooper, un joven al que se le acaba de morir su padre  —enfermo de alzhéimer—, que se va repentinamente de la casa que comparte con su madre, sin avisar. Tras largo tiempo al cuidado de aquél, ha decidido viajar por el mundo, tener experiencias.

En un momento de su travesía, Cooper acepta ser parte de la puesta a prueba de un nuevo juego de realidad virtual inmersiva o realidad aumentada. Deberá exponerse a sus terrores más profundos, pues en eso consiste el último desafío: soportar la soledad en una casa habitada por los monstruos que su mente es capaz de producir.

Y mamá que no sabe de él. Leitmotiv que trama la historia como llamada entrante.

Ya lo anunció Franco Berardi en Generación postalfabética: la configuración afectiva y cognitiva de la generación videoelectrónica “deriva más de su exposición a la semiosis de la máquina, de la televisión o de la telemática que de la relación con sus padres o con otros seres humanos”[1]. Una mutación antropológica que “implica patologías, sufrimientos, disturbios de la comunicación y pobreza de la existencia. El sistema nervioso es sometido a un estrés sin precedentes, y esto provoca patologías de la atención, de la imaginación, de la memoria y de las emociones, que tienden a asumir un carácter epidémico”[2].

En el mundo epidérmico de Cooper, mamá llama[3] y él no atiende, incapaz de tenderle una atención sensible. Ella está ausente de su esfera experiencial —viajar, videojugar—. La mochila del turista debe ser ligera, y la madre, acaso, ¿no pesa?

Sustraído el cuerpo de la madre, los terrores se procesan en la soledad de una virtualidad cada vez más aumentada o se callan con psicofármacos. Cooper morirá por la interferencia de su celular —llamada entrante de mom—, gritando “mamá" a una imago virtual que no lo reconoce y que no responde —quizá el miedo más ancestral, la raíz misma de cualquier pánico—.

Cuando ya no se soporta el desierto de lo real[4], mamá insiste.

Baudrillard nos advirtió:

Ya no estamos alienados ni desposeídos, poseemos toda la información. Ya no somos espectadores, sino actores de la performance, y cada vez más integrados en su desarrollo. Podíamos afrontar la irrealidad del mundo como espectáculo, pero nos hallamos indefensos ante la extrema realidad de este mundo, ante esta perfección virtual. De hecho, estamos más allá de cualquier desalienación. Es la forma nueva del terror, respecto a la cual las angustias de la alienación eran muy poca cosa.[5]

¿Qué es eso que insiste, que nos acecha y nos pone a prueba —justo allí donde el cuerpo fotosensible se pliega en un grito de terror—? La madre, ¿no sigue siendo la sustancia referencial por excelencia en un mundo en el que las referencias se vuelven cada vez más escasas[6], en un mundo que va perdiendo su sustancia material? ¿Qué llama cuando mamá nos llama?

Llamada entrante.     




[1] Berardi, Franco (2007). Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires: Tinta Limón, pág. 189.

[2] Ibídem, pág. 95.

[3] “Llamar” viene del latín clamare, gritar.

[4] Expresión que le debemos a Jean Baudrillard, en alusión a la simulación y lo hiperreal.  Para el caso, la virtualidad generalizada terminaría con lo real, en la forma de lo “hiperreal”: “La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal”. Baudrillard, Jean (1998), Cultura y simulacro, Barcelona: Kairós, pág. 5.

[5] Baudrillard, Jean (2009), El crimen perfecto, Barcelona: Anagrama, págs. 43 y 44.

[6] Dice Baudrillard: “El concepto clave de esta Virtualidad es la Alta Definición. (…) Por doquier la Alta Definición marca el paso, más allá de cualquier determinación natural, hacia una fórmula operativa —'definitiva' precisamente—, hacia un mundo en el que la sustancia referencial se hace cada vez más escasa. La más alta definición del medio corresponde a la más baja definición del mensaje; la más alta definición de la información corresponde a la más baja definición del evento; la más alta definición del sexo (el porno) corresponde a la más baja definición del deseo; la más alta definición del lenguaje (en la codificación numérica) corresponde a la más baja definición del sentido; la más alta definición del otro (en la interacción inmediata) corresponde a la más baja definición de la alteridad y el intercambio, etc.” Ibídem, págs. 47 y 48.

 

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