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Caminar
22/02/2017
Mantelería

… Todo respira nuevamente: ellos llegaron

Y el universo viene a habitar su casa. Texto de Laura Inés San Antonio Boissier.
Por: QRV

 

Soy un trozo de tela. Siempre lo he sido, y no puedo estar más orgulloso de ello. Tengo un color blanco brillante; soy precioso. La envidia de todos. Liso, sin estampados. Tan sencillo, pero tan elegante, discreto pero deslumbrante. ¡Cómo compararme a mí, con esas chabacanas cortinas de flores! ¡Con esas mantas de cuadros de viejas! ¡Con esos cursis bordados, con esos colores chillones! Yo soy perfecto. Y estoy destinado a grandes cosas, estoy seguro. Probablemente, me conviertan en una preciosa vela de barco. Majestuosa, enorme, moviendo el navío. Con el viento dándome en la cara. O quién sabe si me transformaré en el precioso dosel de la cama de una princesa. Sea como sea, estoy seguro de que voy a triunfar.

La fábrica es mi casa. Siempre he vivido aquí, pero eso no quiere decir que me guste. Estoy rodeado de telas menores que yo, siempre intentando ser algo. Pero no son nada. Nada comparado conmigo. Y al principio resulta halagador que traten de copiarte y ser como tú, pero luego te das cuenta de que es algo patético. Así que mi único deseo es salir de aquí, y alcanzar el maravilloso futuro que me espera.

*  *  * 

Hoy es el día. Hoy pasaré a la sala de patrones donde diseñarán los cortes necesarios para poder cumplir con mi nuevo trabajo. ¡Es emocionante! Hoy todas mis dudas van a desaparecer. Para esto soy así, este es mi momento. Estoy impaciente. ¡Necesito saber qué soy! Es mi razón de ser. Tantos días, tantos meses... Se resumen en esto. Este momento. Las emociones que siento nunca antes las había sentido. Nerviosismo, emoción, ¿inseguridad? Jamás pensé sentir eso alguna vez. Siempre he estado seguro de mi mismo, de mi belleza, de mi potencial, de... De todo. Pero ahora nada depende de mí, lo que me lleva a sentir impotencia... Estoy deseando que todo esto acabe.

*  *  * 

No me lo puedo creer. ¡No me lo puedo creer! ¡¿Sabes qué soy?! ¡¿Lo sabes?! Soy un ridículo mantel. Pero no un mantel de un gran restaurante, ni un mantel hecho a medida para la mesa de un rey. Soy un vulgar mantel de cocina. De los baratos. ¡Cómo se atreven a hacerme esto! ¡Yo era el rey en mi fábrica! ¡Me iba a convertir en algo grande! Pero no. Aquí está la tela más bella entre todas las telas. Entre un montón de paquetes de manteles de cocina. Como yo. 

*  *  * 

Llevo dos días en la tienda. Veo pasar a gente todos los días, delante de mí. Pero nadie me mira siquiera. Claro. Solo soy un mantel de cocina. A quién le iba a interesar.

*  *  *

Hoy ha sucedido algo inaudito. Estaba en mi estante, cuando una señora con arrugas en la cara se acercó. ¡Y me tomó a mí! ¡A mí, la tela más hermosa, sin ningún cuidado! Me dio la vuelta, me miró y, finalmente, ¡me metió en un carrito! ¡Es increíble! Me metió en el mismo carrito donde se encontraban unas latas de sopa, un saco de arroz, unas salchichas y tres tomates. Ah claro, y un paquete de servilletas. Esto es una pesadilla.

*  *  *

La señora me llevó a su casa. Y adivina. Tenía... una cortina de flores. Igual que las cortinas de flores de las que me burlaba en mi fábrica. Les decía que no iban a llegar a nada, y menos comparado conmigo. Y ahora resulta que estoy viviendo en la misma casa que una de ellas. Al verme soltó una risita. “Ironías de la vida, ¿eh?” me dijo. No puedo soportar esta humillación. Sigo sin comprenderlo: ¿porqué el mundo es tan cruel conmigo?

*  *  *

La señora es fea. A más no poder. Tiene arrugas en la cara, y un pelo como un estropajo. Camina encorvada, se pasa el día tomándose pastillas y su ropa está anticuada. Sus ojos, son de un color más bien de un marrón común y corriente, sin ningún detalle especial. Me he estado fijando en lo que hace: lo que más es cocinar, o ponerse a tejer mientras ve la tele. De vez en cuando sale a la calle y tarda unas horas en volver. Estoy cansado de que nunca pase nada nuevo en esta casa. 

*  *  *

Para qué hablo. Hoy, la mujer está cocinando más comida de la normal, y poniendo la mesa con un cuidado especial. Me ha colocado perfectamente, completamente liso. Y sobre mí ha puesto... ¡unos salvamanteles! ¡Es que acaso me podré manchar! Rezo para que así no sea. Lo único que me queda para apoyarme es mi belleza, y si me la quitan... si me manchan... No sé que voy a hacer. Poco a poco, durante estos días, me he dado cuenta de lo desgraciadas que son algunas telas. Viviendo en casas donde las tratan así de mal, sin cuidado. Claro que, eso no quita que la más desgraciada sea yo. Es que de verdad, no me creo lo que me está pasando.

¡Oh, no, no, no, no! Ahora lo entiendo todo. Por qué cocinó tanta comida. Por qué me colocó con un cariño especial. Esta señora es abuela. Y tiene cinco nietos. Una chica de unos diecisiete años, un chico de quince, unos gemelos, chico y chica, de ocho y una niña de cuatro años. Los gemelos entraron corriendo, gritando y riendo, seguidos del chico de quince, que parecía querer atraparlos. Después entró la chica de diecisiete con la niña de cuatro en brazos. La chica dejó a la niña en el suelo y ésta salió corriendo a abrazar a la señora. Ya no tengo esperanza. No saldré bien de ésta.

El momento ha llegado. Los niños están sentados alrededor de la mesa. La señora ha puesto sobre mí un salvamantel y encima un plato lleno de croquetas, un bol de arroz, una bandeja llena de papas fritas, unos botes de salsa... Eso sí, primero les ha puesto a cada uno un plato de puré de calabaza. Los gemelos han puesto cara de asco, sin embargo, la niña parece encantada. La chica mayor le ha puesto un babero a la niña, claro, para que no se manche la ropa. ¡Pero y al mantel! ¡A mí no me ponen nada para que no me manche! Siento que quiero... quiero... quiero llorar. No puedo, por mi orgullo y mi dignidad. Además, la estrafalaria cortina de flores me estará viendo... No puedo. No puedo. Solo quiero que esto acabe.

Estoy completamente tenso. Tengo miedo. Cada vez que uno de los niños se lleva una cucharada a la boca, lo miro con atención, rezando que no se derrame. La mayor ha acabado el puré y se está sirviendo el arroz. Parece que la niña está relamiendo el plato, así que supongo que ha terminado. ¡Uf! Respiro con un poco más de alivio. La verdad, lo que más miedo me daba era que a la niña se la cayera la comida. Parece que el chico mediano también ha terminado. Necesito tranquilizarme, aún estoy algo nervioso. Puede que incluso salga de ésta limpio. 

¡Oh, no! Los gemelos se están peleando... ¡Quién sabe que puede pasar! Es un momento peligroso. La abuela de los niños se había olvidado de comprar algo urgente y había salido, dejando a la chica mayor al mando. Pero a mí eso no me da confianza... La verdad es que esta chica parece bastante responsable pero... ¡Oh, oh! Parece que uno de los gemelos ha sido la gota que colmó el vaso porque... ¡una cucharada de comida ha acabado en el pelo del gemelo, salpicándome de puré!

Lo he perdido todo... Mis aspiraciones, mi dignidad, mi belleza... No me queda nada. Los niños han seguido lanzándose comida. Manchándome aún más. Gritando, mientras la hermana mayor y el chico mediano trataban de detenerles. La pequeña los mira con incredulidad... Y nadie se fija en el mantel... Ya no soy nada... Pero cuando cae una croqueta en la camisa de la mayor... Esto se convierte oficialmente en una guerra de comida.

Después de unos minutos, parece que la hermana mayor sale de la burbuja de diversión y se da de bruces con la realidad. Están todos manchados de comida, la cocina está hecha un asco y la abuela volvería dentro de poco. Completamente autoritaria, la hermana acaba con la guerra e impone su nueva dictadura. Se llama: “Todos a recoger”. Consiste en que el hermano mediano fregara todo y se pusiera a limpiarme, mientras que ella se ocupaba de lavarles el pelo y cambiarles la ropa a los niños. Gracias a esta dictadura, todo acabó bien. Después de todo, todo sea para que no se entere la abuela.

*  *  * 

Han pasado dos días desde el incidente de la guerra de comida, pero las manchas de mi cuerpo no se han ido del todo. Sin embargo, y para mi sorpresa, no es eso lo que ha estado ocupando mis pensamientos estos días. No me preocupa estar manchado, sino... Me siento vacío. Me falta algo, algo importante. Pero no consigo descifrar que es... Es como si ya lo hubiera experimentado, pero no hubiese sabido reconocerlo. Pero no sé que es... Y me da miedo que me tiren sin saberlo.

*  *  *

¿Cuándo vendrán otra vez los niños? 

*  *  *

Hoy, por fin, han venido los nietos de la señora. No sé por qué tenía ganas de verlos de nuevo. Al principio tuve miedo pero... De repente, algo cambió. Cuando la niña pequeña se sentó a la mesa y me tocó, sentí que tenía todo sentido otra vez. Me sentí bien. ¿Cómo es posible? Ya no me sentía vacío, pero... No puede ser.    

*  *  *

Tras varios días aquí, y varias visitas más de los niños, creo que ya sé que es eso que llena mi vacío. Al principio no lo creía, pero no queda otra opción, y no puedo luchar contra lo que siento de verdad. Son los niños. Esos mismos niños que me hicieron perder mi orgullo y que, sobre todo, me mancharon, son los responsables de mi felicidad. Y no confundamos felicidad con perfección, porque cierto es que nadie es perfecto. Todos tienen un defecto, ya sea físico, o de carácter. Pero todos podemos ser felices, si aprendemos a vivir y a gustarnos tal cual somos, y no deseando ser otra cosa. Cuando alcances ese punto serás feliz, cien por cien asegurado. Y ese es el punto que he conseguido alcanzar yo, claro que pasando por un sufrimiento que, ahora lo veo, era completamente necesario. Soy feliz, los niños son felices, y la señora es feliz. De hecho, es bastante más guapa a como la veía antes. Sí, como ves he cambiado, y me he dado cuenta de que ser un mantel, no es tan malo.

Incluso puede que me acabe cayendo bien la cortina de flores.

 

Laura Inés San Antonio Boissier.
Laura Inés San Antonio Boissier.

Laura Inés San Antonio Boissier

Me llamo Laura Inés, aunque prefiero que me llamen sólo Inés. En este momento, tengo 13 años. Desde que era pequeñita, me ha gustado muchísimo leer, y mucho más, crear mis propias historias. De mayor quiero ser escritora.

Tengo dos hermanos mayores, y uno de ellos, de 20 años, tiene su propio blog personal. De modo que me ha dado un poco de envidia, y le he pedido que me ayude a crear el mío.

Y aquí estamos.

Quiero ir poniendo todos mis pequeños cuentos, historias y creaciones, sobre todo porque me gustaría verlos en un medio en el que no se llenen de polvo, como en mi estantería, donde nadie más los lee. Puede que algún niño disfrute un día leyendo un cuento mío. Eso espero.

Leer más: http://www.el-taller-inesil.es/nosotros/

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