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Caminar
11/09/2017
Angustias

¡Quiero ser partícipe de sueños!

Paisajes interiores.

 Portada: Jon Jacobsen.

 

¡Prearán mis posesiones! –te dijiste, sudoroso y tembloroso, y sólo pensarlo hizo que en ti se encendiera la alarma de un incendio, de una hecatombe, imposible de sofocar por ti mismo y acudiste a mí, tras en una ilusoria hemeroteca visionar mi quijotesca mirada, como último clavo incombustible que podría impedir tu derrumbe, tu precipitada caída a un abismo insinuante y para el que no tenías manera alguna de negarte a sus caprichos y llamadas. Habías regresado del infierno hacía casi nada y te atreviste a llamarme, a pedir una ayuda por otros denegada. Me planteaste aquello que te oprimía, lo que nunca esperaste a ti te sucediera, y te respondí, al instante, sin tan siquiera pensarlo, con un sí que no esperabas. Me preguntaste, de nuevo, al creer que lo que escuchaste no era cierto, y una vez más te contesté con un sí, totalmente convencido.

De repente tu voz se quebró, al otro lado de aquella fría línea que nos separaba, no pudiendo articular ni tan siquiera un solo vocablo. Sólo acerté, emocionado, a transmitirte unas palabras, sólo unas palabras, que no impidieron que tú, al otro lado, siguieras sollozando, agradecido. Supuso para mí cuestionarme dudas que llevaba guardadas para un mañana incierto que creí alejado pero que estaba tan cerca que tocarlo pude, al pensarte, al sufrirte, al escuchar tu llanto irrefrenable que no supe, ni tampoco quise, detener, ni tan siquiera un instante, pues supuse que alivio a tu yo malherido le aportaría.

Ya pensaba en rendirme, me dijiste, en sucumbir ante lo que creía era la hecatombe, el fin aunque deseara comenzar, muy lejos, una última aventura para alejarme de fantasmales presencias, de rotos recuerdos que desgarran, en jirones, el alma dolorida, llenándome de pena y de tormento como si de un asaeteado crucificado yo fuera, sediento de escuchar lo positivo. Llegaste a ver la barca, en el sueño, que te conduciría al otro lado y no lo dudaste y te dijiste: ¡es la mía!, pensando que, antes de llegar al destino que nadie desea, a las heladas aguas te lanzarías para que te llevaran a ser pratense en el lugar que habías soñado, desde niño, visitar de la mano de Elpis.

Fue el momento en que la ansiedad te cubrió, por entero, y no supiste dar respuesta, hundiéndote en un lodo que creíste te asfixiaba. Todo se oscureció y de tus ojos brotaron manantiales, entre brotes de húmedos culantrillos, que bajaban ocupando el cauce de tus surcos, de tus barrancos, de tus valles…tan recorridos por tormentas que calaron tus huesos y también tu alma rota, en miles de pedazos, al escuchar lo que nunca creíste pudiera ser cierto. ¡Tira esos libros! ¡Tira esos cuadros! –escuchaste. ¡Son mi vida! –respondiste, anegado en llanto. Quiero ser, me dijiste, antes de romperte en miles de ciscos voladores, partícipe de sueños y no de pesadillas que me ahogan…¡sólo eso quiero ser!

Juan Francisco Santana Domínguez

Dr. en Historia, Licenciado en Geografía e Historia, Licenciado en Antropología, Diplomado en Educación, Poeta, Profesor, Maestro, Escritor, Investigador, entro otros.

Isla de Gran Canaria.

santanajuan645@gmail.com

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