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01/02/2017
Quehaceres

Marx, Tafuri y el trabajo abstracto en arquitectura

Como bajar unos cuantos peldaños de la escalera que conduce a los "laboratorios secretos" de la producción arquitectónica.

 

Las abejas siempre han envidiado a los arquitectos. Cada vez se ven obligadas, incluso en el mejor de los casos, a construir complejas colmenas sin ningún tipo de diseño de referencia preciso, y en cambio los arquitectos, incluso en el peor de los casos, tienen primero en la cabeza lo que quieren construir, se trate de una cabaña o de un rascacielos. Este es el significado del famoso pasaje de El Capital de Marx, objeto de litigio sin fin sobre las abejas y el arquitecto [1]. De hecho, como a menudo sucede en los escritos de Marx, detrás de lo que puede parecer trivial se articulan múltiples discursos sobre el trabajo concreto y abstracto, la cooperación y la división social del trabajo. En un momento en el que en la arquitectura predomina el oxímoron de una retórica hiper-modernista del postmodernismo, bajar unos cuantos peldaños de la escalera que conduce a los "laboratorios secretos" de la producción arquitectónica puede ser de utilidad.


Un objeto insignificante

Desde hace algún tiempo Hal Foster llama la atención sobre el "complejo arte-arquitectura", en alusión al más inquietante "complejo militar-industrial", que habría subsumido la cultura a la economía. A partir de los encuentros, de las conexiones del pasado, entre arte y arquitectura, se habría alcanzado una unidad casi orgánica que tendría el carácter de un bloque o de un síndrome [2].

Un "complejo" que condiciona gravemente los escenarios imaginarios y urbanos metropolitanos. Incluso en su audacia, el análisis de Foster, sin embargo, no va más allá de la superficie de los fenómenos perceptibles. Más allá se encuentra la contradicción que atraviesa al arte contemporáneo que, como todos los productos básicos en la producción y la circulación global, cumple la lógica del capitalismo financiero internacional y el artista ha perdido aquella "diferencia antropológica", atribuida por el modernismo, en la que había basado su autenticidad como crítico de la sociedad [3], sin dejar de tener comportamientos de resistencia a las cadenas de valor del capital transnacional.

Las formas actuales de la producción del espacio urbano y del arte contemporáneo han subsumido a la arquitectura, en cuanto forma especial de trabajo intelectual que insiste en una amplia gama de actividades directa o indirectamente productivas: el diseño y construcción de edificios y organización de la ciudad, la definición de los códigos icónicos, las estrategias de rendimiento del trabajo, las relaciones con los ciudadanos y clientes, asñi como la gobernabilidad urbana, la adopción de nuevos lenguajes simbólicos y un vocabulario de vanguardia para la producción del imaginario colectivo, la tecnología y la aplicación de programas de software. Es como si en el campo de la arquitectura se hubiera establecido esa dialéctica instituida gradualmente "en la relación entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto en el sentido marxista de los términos" de la que hablaba Manfredo Tafuri hace más de cuarenta años [4]. Abriendo, de esta manera, la posibilidad de una lectura simultánea del proceso de abstracción del trabajo arquitectónico y de su lugar dentro de las relaciones de producción capitalistas. Una hipótesis de trabajo explorada por Tafuri largamente, pero que no fue aceptada por los historiadores y teóricos de la arquitectura, cada vez más involucrados y abrumados por la individualización de nuevos estilos en la época posmoderna, o encerrados en una filología auto-referencial del fragmento arquitectónico. Lo que Tafuri aplicó en la producción arquitectónica es la misma intuición de Benjamin en referencia a la poesía: no es necesario preguntar que posición ocupa una obra poética con respecto a las relaciones de producción de la época, si está en armonía con ellas, si es reaccionaria, o si busca su superación, si es revolucionaria. Antes de preguntar qué posición ocupa la arquitectura con respecto a las relaciones de producción, se debe preguntar ¿cuál es su posición en ellas? [5]. Se va así a la raíz de la cuestión, haciendo un planteamiento decisivo respecto al discurso sobre la falsa conciencia de los arquitectos, incluyendo los más afamados, sobre las teorías de las relaciones recíprocas entre la arquitectura y la sociedad, entre las estructuras urbanas y los modos de producción. Que la producción del espacio urbano se convierte, en el capitalismo contemporáneo, en uno de los elementos constitutivos de las relaciones sociales es una idea apenas esbozada por Tafuri con la definición de la ciudad como una máquina funcional de la extracción de la plusvalía social [6]. Una maquina urbana, se podría añadir, que soporta las relaciones de explotación, dominación, alienación y, al mismo tiempo, reproduce las condiciones y el contexto de su funcionamiento impersonal. Las intersecciones continuas, en la metrópolis contemporánea, entre los lugares de producción social y el entretenimiento más o menos alternativo, entre las rutas históricas y artísticas y los centros de las finanzas internacionales, incluidos los lugares simbólicos y las redes de la ciudad inteligente, entre las fronteras movedizas de los centros y las periferias, que incesantemente temporalizan espacios, su representación y su reestructuración. La arquitectura se convierte en ideología material y al mismo tiempo en un "objeto insignificante", ya que se convierte en algo distinto de sí misma [7]. En otras palabras, parafraseando a Tafuri, la arquitectura explota en la realidad, esparciendo sus fragmentos. La producción arquitectónica ya no es una cuestión de verdad o falsedad de las ideas que se afirman en las relaciones internas de la propia producción. Es la ideología material articulada, en el mismo ámbito, en las relaciones reales que se dan entre los espacios urbanos y las relaciones "vividas" en la imaginación individual y colectiva. El marketing específico de lugares y hechos urbanos tiende a ser suplantado por el proceso de reproducción de la metrópolis que vive y disfruta como tal. No ya cómo el flaneur de la memoria de Benjamin que hace del perderse una experiencia interior, sino un ciudadano-productor-consumidor que continuamente se geolocaliza utilizando las aplicaciones de GPS, y cuya experiencia de los lugares y recorridos a menudo es anticipada por buscadores como TripAdvisor. La metrópolis, en el proceso de su reproducción social y urbana, rompe la colectividad y la comunidad y las vuelve a recomponer en una yuxtaposición forzada de individualidades y roles separados. Un proceso que en su desarrollo muestra toda su inestabilidad generando formas de subjetividad y áreas metropolitanas que no son fácilmente subsumibles por el modo dominante de producción social.


El trasfondo

El trabajo, en cuanto uso de la fuerza de trabajo, en la producción arquitectónica actual no está presente en los índices de las revistas de arquitectura y diseño. Casi nunca aparece en los carteles de conferencias y seminarios. Y es objeto de muy pocas investigaciones de campo. Las condiciones materiales en las que tiene lugar el trabajo en los estudios profesionales de arquitectura están muy a menudo por debajo de los estándares aceptables de protección y garantías. Se caracterizan por una completa flexibilidad de las formas y la duración de la relación laboral y se ha establecido una modalidad gratuita de reclutamiento y selección de la fuerza laboral con pasantías, prácticas y becarios [8]. En el interior y alrededor de los estudios profesionales de arquitectura en Italia giran más de 300.000 personas entre miembros de los colegios profesionales, colaboradores de diversos tipos, falsos profesionales, mirones. Durante las últimas dos décadas, y especialmente tras la crisis de 2008, estamos asistiendo a un profundo cambio de las formas de cooperación, la división del trabajo y la organización de los espacios de producción arquitectónica. La narración del estudio de arquitectura como un lugar de trabajo creativo, de intuición espacial traducida en proyectos y de cooperación espontánea y enriquecedora se ha desvanecido poco a poco, dando paso a otra más real de estudios-haciendas que se convierten en laboratorios de nuevas jerarquías organizativas, especializaciones sectoriales extremas, de un co-trabajo horizontal falso. Los modelos de referencia son los estudios profesionales, con filiales asociadas en las grandes ciudades, grandes estrellas internacionales que manejan cientos, si no miles de empleados, personal de apoyo y empleados leales. Modelos que se simplifican y se reproducen hasta en los más pequeños detalles por un grupo restringido, de muy pocas personas, que concentra en sí el conocimiento necesario y la visión global para producir un proyecto, que representa la prefiguración del espacio a construir, para participar en un concurso de ideas. A su alrededor se encuentra una geografía de círculos concéntricos, varias constelaciones de empleados temporales, pasantes, aprendices, proveedores de servicios, compañías de habilidades específicas que se ponen en movimiento, dependiendo del tipo de proyecto o concurso, de su tamaño, y de su importancia económica. Además de la organización y gestión del trabajo vivo necesario también cambia la organización del espacio de producción y la proyección comunicativa en el uso de sitios web y redes sociales. Se está afirmando una variante espacial del lugar de la producción arquitectónica, independientemente de su tamaño: el lugar del trabajo informático. Un verdadero emblema de la transición del taller arquitectónico a una oficina de cualquier actividad terciaria o cuaternaria, cuando no a una de las sedes más o menos periféricas de una gran empresa de diseño [9]. La potencia de cálculo, la velocidad de conexión, la amplitud de la base de datos de los modelos y formas arquitectónicas, el acceso a bibliotecas y archivos especializados, la construcción de sitios web ligeros y eficaces, la auto-promoción disfrazada de reflexión sobre el diseño en las redes sociales son también elementos que entran en la definición de las formas de cooperación competitiva, dentro de una división jerárquica del trabajo, en el diseño y fabricación de objetos arquitectónicos.


Abstracciones y algoritmos

Nunca es fácil establecer analogías, incluso veladas, entre el pensamiento de Marx y el de Hannah Arendt. Aún más complicado resulta la búsqueda de puntos de contacto en relación con la definición del trabajo. Hannah Arendt en Vita activa critica a Marx los concepto de trabajo productivo e improductivo y de trabajo manual e intelectual, proponiendo en cambio una distinción esencial entre trabajo y obra. El trabajo encuentra su necesidad y justificación en el mantenimiento de la vida humana y en el intercambio directo entre el hombre y la naturaleza sin ninguna cuantificación de salarios. La obra, por el contrario, produce objetos y bienes duraderos y se caracteriza por la violencia de la destrucción de la naturaleza. El intento de relacionar el trabajo y la obra de Arendt con el trabajo abstracto y concreto de Marx en la producción arquitectónica, asumiendo la supuesta ambigüedad de los términos, nos mete en un callejón sin salida [10]. Un trabajo que para ser tal debe asumir una autonomía disciplinar específica de la arquitectura, hecha de teoría, historia y práctica del diseño, que no se ha dado en las últimas décadas. Porque no hay un trabajo que se divida en abstracto y concreto en las rutinas de producción y realización de los objetos arquitectónicos. Es posible en la transmisión del conocimiento en la universidad - de acuerdo con esta línea de pensamiento – un reencuentro del trabajo con la obra y, dentro de esta, del trabajo abstracto con el trabajo concreto. Para Tafuri la historia de la arquitectura, y luego la arquitectura, van a "reaccionar", tensionadas, con el desarrollo del trabajo abstracto. De esta manera, la relación con el cliente, los horizontes simbólicos, la invención tecnológica serás despojadas de la ambigüedad inherente a la obra arquitectónica [11]. Un trabajo abstracto, sin indicaciones específicas, una actividad generalmente indiferentes a su forma particular de desarrollo. Un trabajo no entendido como un objeto, sino como actividad; no como un valor en sí mismo, sino como una fuente viva del valor [12]. Y más aún, una obra abstracta que sólo en su desarrollo, en el proceso de objetivación, toma la forma fenoménica de trabajo concreto [13]. Pero ¿cómo puede, en la producción arquitectónica actual, el trabajo concreto convertirse en forma fenoménica del trabajo humano abstracto y el trabajo privado en forma fenoménica del trabajo inmediatamente social? Se pueden avanzar algunas hipótesis. Los diseños arquitectónicos están cada vez más condicionados por procedimientos estándar, protocolos de actuación, el cumplimiento de los reglamentos técnicos y burocráticos, que coinciden con la verificación de los requisitos funcionales con los que el objeto arquitectónico a menudo anticipa la reflexión sobre el diseño. Y la representación del proyecto con los programas de infografía, que generan perspectivas gráficas recreadas a partir de simples datos volumétricos iniciales, con técnicas de maqueta que modelan – a una escala más pequeña - el objeto arquitectónico que será producido, haciendo uso de una realidad "aumentada" por estos softwares para llegar a la elaboración de proyectos de ejecución. La organización del trabajo concreto del diseño arquitectónico no consiste en una simple división de las tareas en la edificación, sino que afecta directamente a la objetivación del trabajo abstracto de diseño de empleados, pasantes y aprendices. La homologación del software a usar en los estudios profesionales de arquitectura se basa en una santa trinidad informática: el CAD (diseño asistido por ordenador), que uniformiza los procedimientos, "creativo", el BIM (Modelado de la información de la construcción) que gestiona los protocolos de la ejecución del proyecto, y el IPD (Proyecto integrado final), que prevé la celebración de un contrato multilateral con la distribución de riesgos y beneficios entre todas las partes implicadas, que inicialmente trabajan juntos para definir una solución de diseño. Los procedimientos, los protocolos, el software homologado han hecho perder definitivamente el aura del arquitecto creativo, que se convierte más en un prestador de servicios o un gerente a cargo de la producción del espacio urbano que en un "intelectual social" dedicado a la composición arquitectónica de formas y tipos.

Notas:

[1] “Una araña ejecuta operaciones que semejan a las manipulaciones del tejedor, y la construcción de los panales de las abejas podría avergonzar, por su perfección, a más de un maestro de obras. Pero, hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar la construcción, la proyecta en su cerebro”. Karl Marx, de Capital , Libro Primero, Einaudi, Torino, 1978 p. 216. (página 147 en la versión de El Capital en castellano referida)

[2] Hal Foster, The Art-Architecture Complex, Verso, London-New York, 2011, p. XII.

[3] Alessandro Del Puppo, L’arte contemporanea, Einaudi, Torino, 2013, p. 3.

[4] Manfredo Tafuri, Architettura e storiografia: una proposta di metodo, in «Arte Veneta», 1975, n. 29, p. 276.

[5] Walter Benjamin, Autore come produttore, in Avanguardia e Rivoluzione, Einaudi, Torino, 1973, p. 201.

[6] Manfredo Tafuri, Progetto e utopia, Laterza, Roma-Bari, 1973, p. 76.

[7] Manfredo Tafuri, Teorie e storia dell’architettura, Laterza, Roma-Bari, 1968, pp. 91-116.

[8] Marco Biraghi, L’architettura come mestiere.

[9] Marco Sullam, C’erano, una volta, gli studi, in AA.VV. Backstage. L’architettura come lavoro concreto, Franco Angeli, Milano, 2016, pp. 167-171.

[10] Paolo Tombesi, More for Less: Architectural Labour and Design Productivity, in Peggy Deamer, The Architect as Worker, Bloomsbury, 2015.

[11] Manfredo Tafuri, La sfera e il labirinto, Einaudi, Torino, 1980, p. 20.

[12] Karl Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, vol. 1, La Nuova Italia, Firenze, 1978, pp. 280-81.

[13] Karl Marx, Il Capitale, Libro Primo, Einaudi, Torino, 1978, p. 71.

Felice Mometti

Filósofo e historiador de la arquitectura italiano, activo participante en los movimientos sociales.

Traducción G. Buster Fuente: http://www.connessioniprecarie.org/2017/01/17/marx- tafuri-e-il-lavoro-astratto-in-architettura/
URL de origen (Obtenido en 01/02/2017 - 20:20): http://www.sinpermiso.info/textos/marx-tafuri-y-el-trabajo-abstracto-en- arquitectura 

Felice Mometti.
Felice Mometti.

Felice Mometti


Filósofo e historiador de la arquitectura. Italiano. Activo participante en los movimientos sociales.

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